jueves, 24 de abril de 2014
jueves, 17 de abril de 2014
VACA DE ESPAÑA

I
Era una vez una vaca
que en su piel traía pintado
el mapa negro de España.
Vaca enorme y singular,
ponía los cuernos en Francia,
su boñiga en Portugal.
Vaca sola que pastaba
la grama de esta heredad
patria de los cementerios
y amamantaba a sus muertos
con leche verde de ortigas,
flor de la envidia
y maldición de los huertos.
Y sí mugía
-¡maldita vaca!-
partía en dos la cruz
de Caravaca.
II
En mitad de las tumbas
hay un pozo de lágrimas.
La vaca abreva,
enorme como el mundo,
paciente y negra.
Y los difuntos
-que le envidian la sed-
sueñan lampreas
y sanguijuelas verdes
y se pelean
por las flores tan tiernas
del culantrillo.
Cantan los grillos
y en la noche de España,
ciega y eterna,
el agua de los pozos
sueña en vano con ser
mañana acequia.
Que sólo es ella
un agua de responsos,
salada y negra.
III
III
Esta vaca pace
mientras los difuntos
requiescant in pace.
Esta vaca muge
cuando escucha el llanto
de los andaluces.
Y, a veces, cornea.
Y, a veces, de noche,
embiste y capea.
Yo he visto a la Muerte
subida a las tapias
como una manola
arrojarle flores
de felpa y cizaña
-flor negra de España-
y de avena loca.
Besadle la boca,
que no muja más.
Que no abreve más
agua de responsos.
Sacadla a pastar
la flor de los campos
de la libertad.
De Vaca de España. 2014.
De Vaca de España. 2014.
martes, 15 de abril de 2014
viernes, 11 de abril de 2014
INCIENSO Y PLATA de María Sanz

Sin que se sepa. Así, con la elegancia clásica de una Sevilla clara y profunda a un tiempo, aparece de vez en cuando un libro de poemas como Incienso y plata. María se sacude el ripio pregonero y acomete la semana de Pasión con la emoción contenida y la enjundia teológica propia de un poeta de la más noble tradición sevillana. Abtenerse pregoneros. Aquí no hay voces, sólo palabras.
EL DUEÑO DEL ECLIPSE. Santos Domínguez

El dueño de la imagen, sin duda. Nadie como Santos Domínguez ha sido capaz de construir un poema casi galáctico con ellas. Tan onírico y, a la vez, reflexivo y profundo; nada de chiribitas metafóricas. Santos quiebra sólo la sintaxis de lo semántico para alucinarnos. Y todo sin descarrío, orquestado en una sinfonía métrica que ambiciona lo cósmico y deja en el oído el regusto de una emoción.
martes, 1 de abril de 2014
ZAMBRANO

Aunque ya en Apócrifo de marzo Zambrano había logrado entramar sus dos hilos anteriores, tradición e innovación, en Lo que dejó la lluvia el texto es un hermoso lienzo. Y no digo sobre el que se borda porque José Antonio es un poeta de costuras interiores. No hay pirotecnia cromática en sus imágenes; siempre se rematan con sorprendentes quiebros y conceptualizaciones éticas. Es, además, un libro discursivo con Edinda por medio como interlocutora, la Edinda de sus canciones. Ya digo, sin la presión de entonces, en Lo que dejó la lluvia hay un diálogo entre el sometimiento verbal y la levedad lírica que hace de su conjunción un gozo. Enhorabuena, amigo.
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