sábado, 23 de febrero de 2019
sábado, 29 de diciembre de 2018
CODICIAS
Saben, Elvira, que eres tú la dueña
y todos lo codician.
Acuden los tetrarcas de Judea
y te tientan con diademas de sal,
con virutas profanas del oro de los
mártires,
con pulgones de ónice,
con un sistro que ahuyenta la luna
de las parcas
y el acecho de las conjuraciones,
con un tarro de escamas vestales de
luciérnagas
al que acude a beber
el pájaro de fuego las noches
boreales.
Pero tú no lo cambias por nada de
este mundo.
Caravanas de Adén llegan para ofrecerte
un álbum de suspiros,
un quitasol de mica con las plumas
de un ibis,
y cuarenta elefantes cargados con
incienso
de Gardefán y púrpura de Elisa.
Pero tú no lo cambias por nada de
este mundo.
Por el mar de la China arriban mercaderes
que te ofrecen a cambio
un tigre de Ceilán con sus ojos de
ágata
que se devora y vuelve a nacer de
su sombra,
una esponja de seda en la que cabe
el mar,
siete esclavos filólogos que
conocen las lenguas
ya perdidas del mundo,
y un candado de jade que paga a
quien lo abra
con la resurrección.
Pero tú no lo cambias por nada de
este mundo.
No valen todos juntos lo que ese perfume
que existe sólo porque tú lo
piensas,
que huele sólo si lo nombras tú.
De La sílaba de Ónice (Inédito)
domingo, 25 de noviembre de 2018
EL ABUELO DE DIOS
Dios tiene un abuelo aún más
eterno
que se sabe el olvido, que perdió
la memoria,
que anda por el mundo madrugando
y que lleva la cuenta de las
hormigas muertas
y los lunares de las mariquitas.
El abuelo de Dios tiene una llave
para guardar la tierra de sus
propios demonios,
que le roban los verbos mientras le
reza al nieto
y que él luego castiga sin tentar
una noche
o a escribir una plana con sus
uñas,
tan negras ya de la caligrafía.
El abuelo de Dios no sabe nada
de si es trino o si no, si es que
ha nacido
de sí mismo o del sueño de los
hombres.
Pero es dueño del bosque de los
salmos,
de las minas de arroz, de las pipas
peladas.
Y sonríe cuando ve
pasar las caravanas de
camellos
por el ojo pequeño de la aguja.
Yo soy más del abuelo.
Él para perdonar nos da el olvido.
sábado, 6 de octubre de 2018
VELEROS Y METÁFORAS
El mar y su constancia.
La mano y el afán de la escritura.
Los dos en ese empeño por negarle
su amenaza al abismo hasta llenarlo
de peces negros, jibias
como palabras que emborronen una
por una con su tinta
sus páginas saladas, su vasta soledad.
Azul, azul, azul, el mar oculta
su horror con la insistencia de su caligrafía.
Por el renglón del horizonte cruzan
veleros y metáforas.
de Copa de sombras. 2009
sábado, 22 de septiembre de 2018
DEFENSA DE LA CIGARRA
DEFENSA DE LA CIGARRA
La cigarra bien sabe
que insistir en la dicha puede ser
motivo de sospecha. Y se disfraza
de soledad, apenas
si mosca de la sed, ácaro acaso
de las escolanías que no supo
otra miel que el tañido y se recata
por guardarse del asco de sus
vísceras,
su conjunción de larva,
porque un chantre, de niña, le
dictó
la frecuencia del péndulo,
ese salmo en hebreo que repite
cuarenta veces siete que, sin duda,
la virtud del cantor está en su
ausencia.
Las hormigas la ignoran.
Andan sólo al recaudo de la borra,
la minucia del heno
y repasan sus tablas cada noche
de trigonometría
para hacer profesión de su
avaricia.
Que no me venga Forel alabando
la migaja de su misericordia.
Bugnión narró sus guerras,
la ortiga de sus lábaros,
el rezo de su estirpe, la crueldad
con que arrancan sus ojos a las
ninfas
y el diamante terrible con que
tallan
su edad a las esclavas.
Condecorad mejor a la cigarra.
Enmendadle la fábula. Ella sabe
de memoria la cifra de sus élitros,
el sistro de su afán,
la crin en la que tañe
la dicha el estribillo
con que premian los dioses su
abandono.
.
Saquead los graneros en su nombre
y destrozad los ábacos.
No habrá invierno si canta.
De EPIFANÍAS. 2018
De EPIFANÍAS. 2018
domingo, 2 de septiembre de 2018
sábado, 1 de septiembre de 2018
FÁBULA DE LA VIRGEN DE LOS GATOS
En un zaguán oscuro
de la rúa do Século
guarda la Virgen de los Gatos
su pan de cera,
las sílabas agraces
de su constelación,
su tajada de lumbre.
Sin ella, el barrio habría sucumbido
a la miseria de la borra,
al salitre con que los aguaceros
azotan las vidrieras
de los conservatorios,
la casa de Pombal.
Ella asiste a los gatos
que matan los tranvías
y les promete un cielo de alacenas.
Todo a cambio del celo,
la devoción de su vigilia,
la llama con que alumbra
el quehacer de su dulce
misericordia si visita
de noche los tejados, si socorre
los palomares en su asombro
o ceba los candiles
de las boardillas más menesterosas.
Los gatos la cortejan
por el perfil sonámbulo del Chiado,
la salvan del acecho de las gárgolas.
Y si el diablo, acaso, sacudiera
el árbol tan terrible
del pararrayos, ellos
la sacarían del mundo por la blanca
gatera de su plenilunio.
Cuando los gatos de la rúa mueren
dejan sus ojos en ofrenda
para hacerle un collar
agraz y luminoso
como las cuentas de una letanía.
De Epifanías.Pretextos 2018
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