lunes, 20 de abril de 2015

CATACUMBAS


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                        Si te dijera que por cada una
                     de estas grandes ciudades que crecen hacia el aire
                     existe otra de hormigas bajo tierra,
                     ¿me creerías?

                       Mac-Cook, el reverendo, nos habló
                     de una ciudad inmensa en Pensilvania
                     poblada toda ella de hormigas exsectoides
                    que ocupaban las hectáreas mismas
                     que la ciudad de Hárrisburg,
                     que se asienta ignorante sobre ella.
                     Sus nidos son profundos, iguales en altura
                     a  otros edificios.
                                                  ¡Oh, sí! Les bastaría
                     minar dos o tres puntos claves para que Hárrisburg
                     cayese toda entera en una cárcava
                     de su misma medida.
                                                         Pero no.
                     Ellas jamás recurrirán a eso
                     porque perecerían también como nosotros.
                     Y ellas viven-yo puedo asegurároslo-
                     de imitarnos. Sus hábitos sociales no son más
                     que un puro mimetismo de los hombres.

                       Habíamos supuesto lo contrario
                     pero, cuando Bugnión
                     nos fue poniendo al tanto de sus guerras,
                     nos fuimos viendo en ellas retratados.

                      Observen, si no, la gran torpeza
                     de las pratensis, esa
                     curiosa habilidad de las sanguinas
                     o la maldad cruel de la herculanus
                     caponatus, que ataca la corteza del árbol.

                       Toda Roma peligra, ya lo dijo Cortázar.
                       La ciudad de los mártires se tiene
                      sobre ellas mismas,
                       minada como está por esa otra
                       Roma de hormigas, hecha
                      de catacumbas ciegas que hasta alcanzan
                       la altura de san Pedro y que Cortázar
                       propone aniquilar con una vara
                       de avellano. Yo no.

                        Yo propongo mejor
                      convocar al ejército en las Termas
                      y perseguir de noche a los furtivos
                      que buscan a los dioses bajo el mármol.


                                                              De El rey de las cigarras. 2003

sábado, 21 de marzo de 2015

CONFESIÓN, PADRE GARCÍA!

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 Ya sé que el  arrepentimiento no es más que una forma de nostalgia, ya. Pero hay veces que el alma poética, señalada más por la virtud ajena que por su propia miseria, acaba asumiendo su atrición y acude por Cuaresma al confesionario con la mansedumbre de los bienaventurados.
   Los de la orden Critica, ya se sabe, suelen ser confesores sin tonsura, que a saber quién les impuso las manos; clérigos un tanto contrahechos, Quasimodos de esta Nôtre Dame que, impotentes para folgar con ella, la Poesía, hicieron voto de castidad y  se consolaron con señalar y absolver  los pecados ajenos. Pero, eso sí, a canónicos nadie les echa la pata, que cuentan ellos las sílabas con los dedos como acostumbra la clerecía y se saben los catecismos de carrerilla, celosos de la santa doctrina de las musas.
  Así que fuíme allá donde  el padre García con la  convicta   intención de poner freno al descarrío de  mi poética.
         -Ave Poesía Purísima.
         -Sin Defecto Concebida –respondió con voz descalza, sacristana hasta el susurro-. ¿Cuánto ha que no te confiesas, Ramírez, hijo? Veo que te has dado al más feo e indigno de los vicios, el de los concursos literarios. Qué perversión la tuya, hijo mío.
      -Así es, padre García. Me puede esta ludopatía poética, hasta el extremo de que me regodeo en ellos. Sí, ya sé que el mío es vicio solitario, pero prefiero aviarme yo solo antes que acudir a editores puteros que se dejan comer la oreja por la babosería dadivosa de tanto poeta administrativo.
        -¿Ves tú? ¿Ves tú cuanta es tu contumacia, caro Ramírez? Deberías morderte la lengua. El editor lírico es ese arcángel que pone alas en tus libros. Sin ellas, sin sus alas, tus obras jamás alcanzarán la otra vida eterna, la de la Fama que dijera Manrique.
        -Mire, padre, que no. Que  a mi me va la vida y en la posteridad no hay vida ninguna ni arcángel que pueda administrarla, así que vengamos a lo presente, que dijo también el clásico. Porque déjeme que le diga, padre García, que lo que es ir yo fui donde los editores líricos pero, en viéndome llegar corito, hicieron peste de mí. Así que dime a las Diputaciones y sus concursos, con harta suerte y mayor complacencia.
        -Pues dígote, Ramírez, que debieras enmendar y cambiar de proceder si es que aspiras a un puesto en el empireo celeste que Dios Nuestro Señor nos tiene prometido. Porque decirte he  que no hay concurso en que no te halle de participante.
         -Y usted de jurado, padre; que en mi pecado va su penitencia. Pero cambiar de vida sí que quiero. Yo quiero llevar una vida como la suya, de miembro de jurado; jamás de concursante. Si usted pudiera echarme una mano redentora…Yo sé que los pagan bien y que es obra pía, didáctica en extremo. Acabaría aborreciendo de los concursos, se lo juro por Dios, padre García. Pero mire que le digo que sin pecado no habrá ya sacramento de confesión y menguará con ello su hacienda.
         -¿Qué cosa es la quieres decirme con eso, hijo mío?
         -Pues está bien claro, que  muerto el concurso se acabó el jurado. Lo dice un proverbio rabiosamente canino.
         -Dejémonos de  refranes, amicísimo Ramírez, y vengamos a lo que nos trae, que no todo es materia de confesión y éste es santo lugar para divagaciones profanas .Dime, anda dime. ¿Qué otras flaquezas fueron las tuyas, hijo mío?
         -He de confesarle también, padre García, que suelo mezclar los géneros haciendo impureza de sus virtudes. Y que escribo poemas falsos, hijos del azar. Y que, a veces, huyendo del corazón me amparo en la habilidad y  saco gran gozo de ello, a solas yo con la lengua madre en incesto sumo, que me ha vuelto prolífico como ve, a cualquier hora del día entregado a sus  carnes, dispuesta ella. ¿Qué haré? ¿Qué puedo hacer para remediarlo?
   El padre García se ha echado atrás en un gesto de displicencia y se ha limpiado con la estola la espumilla de sus comisuras.
        -Continencia, amigo Ramírez. Debes moderar tu incontinencia incestuosa y limitar tu inspiración a esos momentos únicos de experiencias de vida, a ser posible tristes, que no gozosos. Las habilidades las carga el diablo. Las habilidades son propias de los poetas artesanos y profesionales que no tienen corazón.
         -Es que mire usted, padre, que a mí no me gusta mezclar la poesía con el corazón; que acabo de decirle que soy un putero luzbelino que vive de la suficiencia de su lengua madre. Que yo no sufro el poema como Cernuda, don Luís. Que vivo de la habilidad gozosa de trastearme a la lengua. Sí, que soy su chulo, padre García. Yo quiero ser como San Juan Ramón ¿No era también un  incontinente el de Moguer? ¿No puedo ser como él?
         -No le está permitido por el estricto precepto del Ars Poética que presido, amigo mío. Si me dejáis aconsejaros, alma de Dios, os reconduciré por el camino único que lleva  a la posteridad  y la gloria.
         -Aconséjeme pues, padre García. Soy un alma descarriada que necesita de su sabia experiencia.
   El padre García me arrima  entonces su aliento a la oreja con la unción misma de un oráculo.
         -Has de saber hijo, que las habilidades de un alma poética  más que para el arte deben reservarse para el mundo y su acomodo. Así que, si pretendes burlar la corriente de esta  Estigia oscura que  emborrasca la adversidad de los tiempos y que conduce a la ribera de la Eternidad, lo mejor son las antologías. Sí, esas balsas de Medusa de las antologías en las que, si no puedes pasar como poeta, debes hacerte pasar por balsero o antólogo pertiguero, que en el fondo no viene a ser más que un vergonzante polizón. Así mismo, es conveniente que vivas de la cita ajena y que las referencias de tus lecturas amparen tu impotencia poética. Sería también bueno que  aborrecieras de tu apellido y tomaras mejor el de García que es estirpe conspicuamente crítica  en nuestra España, de ese modo podría llegar a participar en varios jurados y luego probar de concursante ganador en esos mismos. Ahora que, si de veras quieres enmendar tus pasos, lo más acertado sería arrimarte al pesebre administrativo de tu dehesa boyar y admitiendo la Vara por consigna regenerarte en un manso…
           -¿Buey yo, padre García?
           -Buey sagrado, hijo. Te  celebrarían. Acabarías coronado como un Apis nupcial. Ahora, eso sí, tendrías que aborrecer de la tiza y mudarte a Mérida.
           -¿En Mérida un manso? ¿No debiera estar mejor en Cabeza del Buey?
           -Calla esa lengua, hijo y vaya Dios contigo y con mi absolución. In nómine patris et…
  El padre García traza en el aire el garabato de una cruz y vuelve a recogerse en su garita confesionaria con el  gesto de una larva que aguardara encapullada la trompetería endecasílaba, el arrebato de la posteridad.
   
        
      

       
        

       

lunes, 23 de febrero de 2015

CUCHILLO


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                                 Hubo un pez que no quiso
                               consentir su perfil
                               y se hizo cuchillo en una playa.

                                La materia castiga
                               con su horror a los seres que renuncian
                               a su esencia y bendice,
                               en cambio, a los que abundan en su ser
                               bajo el yugo severo de la arista.

                                 Hay cuchillos que ignoran
                                la deuda de su filo con la escama,
                                la rebelión que un día
                                los condenó a su oficio
                                y que los lleva cruel a confundir
                                con sus víctimas esa
                                plata vil, ese azogue
                                terrible de su acero cuando abren
                                el vientre a los salmones
                                y brillan un momento entre sus vísceras.


                                                                                De Raíz de la materia. 2011

lunes, 26 de enero de 2015

¡PRESENTE!






                    Franco yo.
               Francas tú.
               Franca él.
               Francamos nosotros.
               Francáis vosotros.
               Francan ellos.


                                                           De Discurso de anatomía. 2014.

domingo, 28 de diciembre de 2014

PAISAJE TRAS LA BATALLA


                                                                                                                JA Ramirez Lozano   

              

                  Cautiva, como el mar, de su impotencia,
                la soledad reclama
                para sí el territorio devastado
                de la memoria y vuelve devota al sitio mismo
                donde tuvo el amor la dicha de su instante.

                 Más allá del amor
               no hay otro amor que su derrota, pero
               nada fuera el amor sin su paisaje,
               sin la herida que queda pronunciándolo.
               Nada más que su ausencia lo define.

                 Amar después de amar,
                a espaldas de ese tiempo que fue el nuestro.
                Castigar a la lumbre con el fuego
                para así más amar, sin advertir
                que el Amor es quien ama por nosotros
                y que somos, amor, su propia deuda.



                                                                                  De   Copa de sombras. 2009

lunes, 22 de diciembre de 2014

LUZBEL





                El agua mansa y verde
              de los abrevaderos
              tienta con su reclamo
              la sed.
                         Bajan del cielo
              arcángeles impuros
              que alborotan la siesta
              y se bañan desnudos,
              seguros de su bella
              tiranía.
                            No saben
              que existen los caballos,
              que apronto acudirán
              sedientos los caballos
              y no les quedará
              más que admitir su turbio
              pecado de soberbia.

              ¡Nadie como el caballo!
              Se escuchará una voz.

               Y, ciegos, los arcángeles
              huirán precipitándose
              de nuevo en las tinieblas.


                                                                      De Azogue impuro. 1996.

viernes, 5 de diciembre de 2014

ANTÓLOGOS



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                        Tenía la obsesión de perseguirse
                      y se buscaba en las antologías
                      para castigo de sus propios males.

                       Como el pobre jamás daba con él
                      pensó, como Noé, que lo mejor
                      era ponerse a predicar diluvios
                      y construir sin más su propia nave.

                       En ella puso dos de cada especie,
                      poetas diferentes que salvasen
                      la fauna tan distinta con que puebla
                      Dios las siete provincias culturales.

                        Se crecieron las aguas y hubo muchos,
                       demasiados Noés, malos poetas
                       que por salvarse del diluvio inventan
                       su propia balsa de Medusa y pasan
                       por polizones generacionales.

                                                                   Inédito.