El dueño de la imagen, sin duda. Nadie como Santos Domínguez ha sido capaz de construir un poema casi galáctico con ellas. Tan onírico y, a la vez, reflexivo y profundo; nada de chiribitas metafóricas. Santos quiebra sólo la sintaxis de lo semántico para alucinarnos. Y todo sin descarrío, orquestado en una sinfonía métrica que ambiciona lo cósmico y deja en el oído el regusto de una emoción.
viernes, 11 de abril de 2014
EL DUEÑO DEL ECLIPSE. Santos Domínguez
El dueño de la imagen, sin duda. Nadie como Santos Domínguez ha sido capaz de construir un poema casi galáctico con ellas. Tan onírico y, a la vez, reflexivo y profundo; nada de chiribitas metafóricas. Santos quiebra sólo la sintaxis de lo semántico para alucinarnos. Y todo sin descarrío, orquestado en una sinfonía métrica que ambiciona lo cósmico y deja en el oído el regusto de una emoción.
martes, 1 de abril de 2014
ZAMBRANO
Aunque ya en Apócrifo de marzo Zambrano había logrado entramar sus dos hilos anteriores, tradición e innovación, en Lo que dejó la lluvia el texto es un hermoso lienzo. Y no digo sobre el que se borda porque José Antonio es un poeta de costuras interiores. No hay pirotecnia cromática en sus imágenes; siempre se rematan con sorprendentes quiebros y conceptualizaciones éticas. Es, además, un libro discursivo con Edinda por medio como interlocutora, la Edinda de sus canciones. Ya digo, sin la presión de entonces, en Lo que dejó la lluvia hay un diálogo entre el sometimiento verbal y la levedad lírica que hace de su conjunción un gozo. Enhorabuena, amigo.
viernes, 21 de marzo de 2014
VELEROS Y METÁFORAS
JA Ramirez Lozano
El mar y su constancia;
l a mano y el afán de la escritura.
Los dos en ese empeño por negarle
su amenaza al abismo hasta llenarlo
de peces negros, jibias
como palabras que emborronan
una por una con su tinta
sus páginas saladas,
su vasta soledad.
Azul, azul, azul, el mar oculta
su horror con la insistencia de su caligrafía.
Por el renglón del horizonte cruzan
veleros y metáforas.
De Copa de sombras. 2008.
lunes, 10 de marzo de 2014
NOGALES, Reserva de lo pequeño.
Afortunadamente aún quedan pueblos a trasmano de las autovías que, sin privarse de sus ventajas,disfrutan del amparo de la naturaleza y del rincón de su historia. Nogales es uno de ellos. Nogales sorprende, por desapercibido, al viajero que llega con los ojos llenos de postales marchitas, caducadas yapara el asombro. Ojos que viven cada vez más de la reserva de lo pequeño que este pueblo esconde.
En Nogales, la Tierra de Barros se torna
pintoresca. La besana, aburrida ya del horizonte de viñas que arrastra desde el
Guadiana, da de pronto en el umbral de la dehesa, replegándose en sierras como
la de Monsalud o Mariandrés. O abriéndose en un valle rivereño .cuyas aguas,
ese hilito de limos de sus aguas, se ovilla hace tiempo en su pantano lo mismo
que una enorme alcancía.
De unos años acá, este valle se ha vuelto
manso como una vaca enorme echada junto al abrevadero de sus aguas. Un animal
vivo que se deja recorrer la pelambre de sus encinares por rutas y senderos que
abrió la curiosidad para el disfrute de lo mínimo. La sima de la Mina , las plantas medicinales
de Mariandrés, el alcornocal de los Doce Apóstoles, la buitrera, las ruinas del
lavadero de lana de la Mesta, son algunos de sus atractivos.
Y sobre la testuz del cabezo, derramándose
arrebatado, el pueblo. Un pueblo pequeño, a la medida de lo menudo que
predicara Azorín, con su puente medieval, con su fontanilla, con su pequeña
industria. Y hecho todo él un filo de cal ladera bajo, un filo largo con que
cortar la adversidad de los tiempos.
Arriba, el cerco del castillo con su
iglesia. Un mirador envidiable que es toda una meditación. Los pueblos debieran
estar en alto para poder contemplarse en su propio paisaje. Un pueblo sin
perspectivas, plano, es un pueblo huérfano de sí mismo. Por eso, Nogales goza
también de un cementerio con vistas. Sí, pequeño y envidiable, marino casi,
como aquel de Valery, desde el que se avista la eternidad.
Visítenlo esta primavera; se convencerán.
lunes, 3 de marzo de 2014
COMO EL QUE SOPLA
Como el que sopla una
y otra vez sobre el fuego de la herida
y hace un gesto furtivo de dolor
socorriendo su propio desamparo,
de ese modo también
soplo yo cuando escribo
sobre la tinta fresca,
porque coagule a tiempo
dando así consistencia
a esa negra postilla de la silaba,
umbral de la palabra,
isla hija del daño y sustantiva
en que fundo mi única heredad
y bajo cuya costra
-coral o sangre acaso-
se oculta el pecio enorme de la nada,
esa herida abisal en que mana el silencio.
De Copa de sombras 2009
De Copa de sombras 2009
miércoles, 19 de febrero de 2014
CANCIÓN OCULTA
Escucharla escondida.
Sentirla en la espesura
sin saber otra cosa
del ave que su canto.
Y que la noche impura
jamás pueda callarla.
Y que el arquero sólo
le dé caza en sus sueños.
De Razón de la impostura. 2003
lunes, 10 de febrero de 2014
A VECES UN FULGOR
A veces un fulgor,
una luz, de repente,
ilumina estos campos.
Un relámpago no.
No hay tormenta en mis noches
sonámbulas y pueden
escucharse lejanos
los cárabos, la fronda
inmensa del silencio
amparando el acecho,
la vigilia del agua.
Este campo es el mío.
Campo de mi memoria
en el que nadie vive
más que yo, que recorro
su vasta soledad
mirándome en el alto
espejo de los sueños,
para verme pasar
conmigo entre las pitas,
conmigo en esos ojos
turbios de los pastores,
ciegos de los carneros
con la noche tan negra,
Esa luz repentina, ese
fulgor es la linterna
fugaz de la memoria
que ilumina un momento
el campo de la dicha,
el secreto del bosque
donde anidan mis ojos.
De Oscura trashumancia. 1997
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